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Ing. César Augusto Alvarado, M.Sc.

El bosque latifoliado o de hoja ancha como también se le conoce, ha tenido una “peor suerte”. En su estructura y biodiversidad son masas bastante complejas, pues en una determinada superficie podemos encontrar hasta 80 diferentes especies arbustivas por hectárea, y si aún no conocemos la fisiología y comportamiento de un modelo simple como son las masas de bosques pinares, en las cuales usualmente predomina una sola especie, es fácilmente comprensible comprender el escaso conocimiento e información sobre este tipo de ecosistemas muy particulares del bosque latifoliado.

El mayor riego de estas especies latifoliadas lo representa el alto valor en términos monetarios de algunas especies, como las caobas (Swietenia machropyllaen las zonas lluviosas, principalmente del litoral atlántico y centro, y laSwietenia humilisen los ecosistemas secos, más predominante en la zona del pacifico y centro),como las especies más sobresalientes. Al ser bosques mezclados, la extracción trae sus efectos colaterales, pues al ser árboles de grandes dimensiones, conlleva daños muy considerables en las especies vecinas, pues estas especies comparten un espacio con otro número muy importante de diferentes especies.

Esta complejidad del manejo de estas poblaciones se torna incierto de cuál será la dinámica del desarrollo futuro de este tipo de bosques, principalmente en un país (Honduras) en donde la planificación es un término de poca aplicación en los bosques bajo la custodia del Estado, usualmente no frecuente en los bosques bajo manejo de propiedad privada. Es probable que la intensidad de extracción de determinada especie no esté relacionada con su capacidad de autoregenerarse, que al no tener conocimiento del comportamiento de su desarrollo y crecimiento de cada una de las diferentes especies en los diferentes hábitat o sitios en donde se encuentran, en los sucesivos turnos no es posible predecir la existencia o desaparición de este tipo de poblaciones.

En algunas de estas especies se ha logrado su conservación al perpetuar su existencia, debido no a iniciativas locales, sino a los tratados internacionales del que nuestro país es signatario, tal es el caso de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies amenazadas de fauna y flora silvestre, más conocida como CITES. Este es el mecanismo con el cual se ha logrado frenar la destrucción de este tipo de asociaciones boscosas, indudablemente en el comercio internacional; localmente es otro tema.