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Ing. César Augusto Alvarado, M.Sc.

A través de la historia, en todo país, sociedad o región ha sido indiscutible su dependencia de los bosques por los beneficios que éstos les brindan a toda la humanidad. En la antigüedad,los beneficios ambientales no tenían ninguna consideración, pues la oferta de los recursos boscosos superaba su demanda, y analogándolo con el lenguaje económico, la escasez o abundancia de un bien ponen el precio de este.

A medida que la población se incrementaba y se creaban nuevas “ideas” de uso de los recursos boscosos, ya esa sobreoferta no era tan sustancial, situación que se tornaba preocupante para la sociedad, principalmente en el continente europeo. De esta manera, los “pensadores” de la época mostraron preocupación por la naturaleza extractiva en el uso de los recursos boscosos, que de una manera tradicional consistía en que el incremento anual o periódico de la masa boscosa accesible para la sociedad o consumo, era superior o equilibrada a lo que esta sociedad demandaba.

Esta preocupación debería de tener una respuesta técnica, y fue que en Alemania en 1795, Georg Ludwig Hartig fundaba una cátedra de estudio del bosque y a este le seguirían los prestigiados científicos forestales Heinrich Cotta en 1804 y Johan Christian Hundeshagen en 1826[1]. Esta filosofía de administración de los bosques consistía en conocer las bases biológicas de las especies que formaban las masas forestales, orientar su producción y productividad que abasteciera en calidad y cantidad a la sociedad que los demandaba.

De esta forma, los bosques se administraban desde un punto de vista técnico con el principio fundamental de que no se permitía cortar más que lo que el bosque tiene la capacidad de producir, conocido como “rendimiento sostenido”. Sin embargo, en la medida que la demanda se incrementaba y que los árboles que componían determinada masa boscosa requieren de un tiempo considerable para ser utilizados comercialmente como materia prima para los diferentes usos y que se convertía en un bien más de consumo, se consideró muy importante darle un valor al tiempo hasta que este bien fuera comercial, tiempo al que le denominaron “turno” o edad de cosecha, el cual es diferente de acuerdo a la especie y al lugar en donde se produce, teniendo en consideración que durante este periodo desde su instalación como bosque hasta su utilización,suceden una serie de inversiones, más aun en países templados en donde estos “turnos” de las especies para un objetivo de madera de construcción era la principal demanda, son superiores al medio siglo para ser cosechados. Este concepto de turno forestal óptimo arranca de un trabajo de 1849 del forestal alemán Faustmann, expresado en una expresión matemática conocida como Valor Potencial del Suelo, aportacionesposteriores de otros forestales y economistas enriquecieron el planteamiento original de Faustmann, dando paso a los que desde mediados de los setenta el economista americano Paul Samuelson denominó paradigma de Faustmann, Pressler y Ohlin (FPO), optimizando la función original en 1976, expresión que hoy conocemos como Valor Neto Presente[2].

Lo importante de este proceso, es que para optimizar el uso del bosque siempre se ha tenido una visión, la cual en el tiempo se ha ido adaptando a las diferentes necesidades de la humanidad, entendiendo como tal, todas aquellas que involucran las dimensiones sociales, económicas y ahora, la preocupación colectiva y la ambiental.


[1]Brandl, H. 1987. Zur Geschichte der Wirtschaftlichkeit in der Forstwirtschaft. Allgemeine Forstzeitschrift. Citado por G. Sanz Lafuente (2003). Actas de la II Reunión sobre Historia Forestal

[2]Balteiro, Luis (1997). Turno Forestal económicamente optimo: una revisión. Universidad Politécnica de Madrid